Perú

El transporte en Perú

Caminaban penosamente bajo el Sol, un asno con su carga y el amo seguido del perro.

Llegados a la pradera, el amo cansado se echó a dormir; el burro, entonces, se puso a pacer libremente y solo el perro quedó en peor estado que cuando andaba.

—Compañero, amigo —le dijo al asno— ¿por qué no me haces un espacio para tomar algo de la cesta? El burro respondió, —¿por qué no te esperas un poquito a que despierte el amo y él te sirva la merienda?

De repente, varió la situación por completo, pues un lobo, que acechaba al grupo, se arrojó sobre el cuello del asno.

—¡Socórreme, compañero —gritaba el burro en su agonía—, pero el perro, contemplando la escena desde una altura, repuso: —¿por qué no te esperas un poquito a que despierte el amo y te socorra?

MORALEJA

Si no das oportuna ayuda, no esperes que ésta a ti acuda.

La comida en Perú

Había una vez un príncipe que quería casarse con una verdadera princesa. Viajó por todo el mundo buscando una, pero era muy difícil encontrarla. El príncipe volvió a su país, muy decepcionado.

Una noche se desencadenó una tempestad. De pronto, llamaron a las puertas de la ciudad y el viejo rey en persona fue a abrir. Apareció ante sus ojos una princesa. La lluvia chorreaba por sus cabellos y vestidos.

Parecía una fuente, aunque asegurase que era una princesa. “Pronto lo sabremos”, pensó la vieja reina. Sin decir nada a nadie, fue al dormitorio, quitó todos los edredones y colchones de la cama y dejó en el fondo de esta un guisante. Luego, colocó los veinte colchones y, encima, los veinte edredones. Allí había de pasar la noche la princesa.

Por la mañana le preguntaron cómo había dormido:

—¡Oh, terriblemente mal! —contestó—. No he pegado ojo en toda la noche. No comprendo qué tenía mi cama.

Entonces, todos se convencieron de que era una princesa, porque había sentido la molestia del pequeño guisante redondo. El príncipe se casó con ella y el guisante fue trasladado al Museo de la Ciudad.